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Quisiera destacar en esta breve semblanza una de las características más notables de Jorge Prelorán: Un manuscrito de sus memorias de infancia, adolescencia y primera juventud, que tuve el privilegio de leer hace unos años, revela todas las características que el cineasta traería a la profesión y brindaría a sus alumnos: dotes de observación y curiosidad, gran disciplina, y entusiasmo por la vocación artística. Radicado en Los Angeles a finales de los setenta con su mujer Mabel, Prelorán fue profesor en el prestigioso departamento de cine en la Universidad de California, Los Angeles, UCLA, hasta su jubilación temprana en 1994. Por sus memorable clases de producción y dirección pasaron cientos de alumnos. Todos salían transformados de esa experiencia – realizada no sólo en las aulas sino también en largas veladas ensu casa, frente a la moviola o en animada tertulia. Jorge era extremadamente generoso con su tiempo y sus recursos, y todavía recuerdan muchos el préstamo de su vapuleada cámara Bolex (más de una vez traspapelada) para algún rodaje de último momento. Merecerían recopilarse anécdotas fantásticas de viajes a Ecuador y Argentina; los alumnos norteamericanos se ‘desagringaban’ para siempre al zambullirse en Macondos de carne y hueso. Siempre aterrizaba algún argentino a UCLA. Nuestro compatriot, el documentalista Miguel Kohan lo hizo en los años noventa; le ha agradecido a Prelorán ser fuente de inspiración. María Elena de las Carreras de Kuntz |
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